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"Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo"
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Extracto de la Carta Pastotal

Antonio Ceballos Atienza. Obispo de Cádiz y Ceuta.


El camino cuaresmal, nos haga ver que la Cuaresma debe consistir para nosotros en una "subida a Jerusalén" compartiendo, solidariamente, la situación de tantos y tantas familias que sufren ya en sus vidas esta situación económica y del paro, teniendo los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.

"Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo y he escuchado el clamor… pues ya conozco sus angustias y sufrimientos

Mirar la crisis económica y social como un signo de los tiempos puede llevarnos a depurar nuestros sistemas y estructuras económicas para llegar a un sistema que esté más de acuerdo con una comunicación de bienes y en coherencia con el proyecto del Padre Dios.

.En nuestro mundo actual son muchas las amenazas que se ciernen hoy sobre la vida humana: el hambre que padece un tercio de la humanidad; la violencia contra las mujeres, la muerte de trabajadores, en muchos casos, fruto de un liberalismo económico desbordado; Y, en estos momentos, estamos viviendo la situación económica y del paro de forma global.

Los expertos hablan de una posibilidad de 4 millones de parados en toda España, lógicamente, estos números aumentarán también entre nosotros. Sin duda, uno de los peores efectos de la crisis económica es el aumento del paro, porque lleva consigo el empobrecimiento y las dificultades vitales de las personas y de las familias.

Pero resulta aún más sangrante la situación de tantas familias donde han quedado todos sus miembros sin trabajo y no digamos nada de aquellos trabajadores y trabajadoras que ya no reciben ni siquiera la ayuda familiar. Los datos constatados que nos aporta caritas son tremendamente significativos: las familias que actualmente se atienden en las caritas parroquiales han aumentado en un 55%.

¿Qué tenemos que hacer, hermanos? (Hechos 2, 37).

Somos conscientes de que la solución de la crisis económica y de paro en la que nos encontramos insertos, supera nuestras posibilidades. Pero estamos convencidos de que podemos hacer mucho más de lo que estamos haciendo.

Es verdad que las pequeñas cosas no cambian las estructuras, pero pueden cambiar a los hombres, que son los que deben cambiar las estructuras. Muchos nos hacemos a veces la pregunta: "¿Qué debe ser primero la reforma personal o la social?" La respuesta debe ir encaminada para acometer simultáneamente las dos. Se dice, con acierto, que si las estructuras no cambian, no podrán ser justas las personas. Si las personas no se convierten, no podrán cambiar las estructuras.

Teniendo en cuenta la situación descrita, os ofrezco algunas propuestas que pueden responder a la pregunta de qué podemos hacer:

1º Revisar nuestra vida personal en esta Cuaresma sobre nuestros descontroles: egoísmo, avaricia, codicia, deseos de aparentar, deseos de poseer cosas y la falta de vida sobria y sencilla. Esto lo podemos hacer personalmente o dentro de nuestros grupos de formación.

2º Conocer y saber lo que es pasar por la situación económica y de paro en las familias sin trabajo, jóvenes sin empleo ni esperanza, barrios marginados que carecen de casi todo lo necesario, promoviendo una adecuada toma de conciencia por parte de la comunidad cristiana que nos lleve a una actitud de solidaridad cristiana. (continua más propuestas)

"Algo nuevo está brotando ya ¿no lo notáis?" (Is 43, 19)

En esta Cuaresma de 2009 os invito a descubrir de nuevo "cual es la esperanza a la que habéis sido llamados" (Ef 1,18-19). Aunque la situación y la extensión del paro pueda generar desesperanza, los cristianos tenemos la responsabilidad moral de ser germen de esperanza en la sociedad: "Nuestra esperanza debe ser sostenida, más que por la confianza que nos merece la ciencia económica y las nuevas tecnologías, por la fe en el hombre y en Dios. La esperanza de los cristianos nace, en primer lugar, de saber que el Señor está siempre obrando en nosotros y en el mundo, y, en segundo lugar, que también otros hombres colaboran en acciones convergentes de justicia y de paz, porque bajo cualquier aparente indiferencia, existe, en el hombre, una voluntad fraterna y una sed de justicia y de paz que es necesario satisfacer" (OA 48).

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