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COVID-19.

A PESAR DE TODO, LA ESPERANZA.

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Estamos viviendo momentos particularmente difíciles para la humanidad con esta situación, que se ha añadido a los ya de por sí graves desafíos a los que los seres humanos nos enfrentábamos. Con casi 300.000 afectados en 165 países, esta alarma mundial nos sitúa en un momento grave y delicado para la familia humana.

Sin embargo, y pese a todo, quiero unirme a todas las voces que hacen una llamada a la esperanza como la actitud a vivir en la Congregación.

Una esperanza teologal, poniendo nuestra confianza en el Señor, sabiendo que no hay crisis humana en la que Él no nos acompañe e ilumine, aún con la conciencia creciente de la fragilidad humana que en éstos días estamos experimentando y que nos lleva a mirarnos en nuestra justa estatura, la de la humildad: “cuando somos débiles, entonces somos fuertes” (1 Cor. 10, 8), porque la certeza es que Dios nos lleva de su mano y hemos de recordar que la misericordia es el corazón de Dios. Esta experiencia se hace más fuerte y profunda en este tiempo de Cuaresma, donde se nos invita a reconocernos humildemente frágiles y necesitadas de la misericordia del Padre. Una esperanza activa, en los múltiples aspectos de nuestra vida consagrada. Este tiempo especial nos pide también misericordia para vivir la cercanía entrañable con la humanidad, a pesar de la distancia impuesta. Se nos llama a intensificar nuestra vida de oración, siendo creativas en la dinámica diaria de la vida comunitaria, se nos llama a cuidarnos y a cuidar a cada una de nuestras hermanas.

Una esperanza solidaria desde la creciente conciencia de que formamos parte de la misma humanidad. En todos los países donde nos encontramos se han decretado medidas ciudadanas para paliar el contagio de este virus. Me uno al ruego de las autoridades civiles y eclesiásticas que nos piden colaboración y que sigamos estas indicaciones, pues en la medida en que nos protegemos personalmente, protegemos a los más cercanos y colaboramos para que la pandemia no se extienda y para no colapsar los sistemas sanitarios. Todas y cada una somos responsables de la vida propia y de la vida de los demás, cuidémosla y busquemos preservarla con responsabilidad.

Por otra parte, también os pediría que, en medio de la cuarentena, y utilizando los medios técnicos a nuestro alcance, hagamos que nuestros hermanos no se sientan solos, sino acompañados por nosotras, por nuestras oraciones personales y comunitarias, por nuestras llamadas y mensajes de ánimo y esperanza, por nuestras actitudes solidarias y abnegadas.

Una esperanza adveniente, porque la crisis económica que se anuncia, una vez superada la pandemia, afectará especialmente a los más pobres. En este sentido, nuestro quehacer misionero nos tiene que urgir a la tarea de aliviar sufrimientos y consolar duelos; ayudar a reconstruir hogares y colaborar para sostener medios de vida. Como gobierno general hemos estado pendientes y hemos mantenido la comunicación con los países donde estamos presentes, a través de los gobiernos provinciales y de hermanas responsables, por medio de los canales y medios que hoy la técnica nos ofrece, nos hemos sentido especialmente cercanas a las hermanas y comunidades más vulnerables, alentando el cuidado, la prudencia y la calma. Siento que esta realidad que nos ha tocado vivir puede ayudarnos a profundizar en algunos aprendizajes que nos sirvan para encarar nuestro futuro desde otras actitudes y nos motiven a seguir trabajando, con renovado empeño, para que la humanidad salga reforzada y nuestro mundo sea más humano y, por tanto, más evangélico. Son muchas las experiencias de generosidad, de solidaridad y de entrega generosa que estamos viendo en muchas personas. Tengamos también esta mirada que sabe vislumbrar, en medio de la noche, esas pequeñas luces que iluminan nuestro caminar y en las que nuestro Dios se hace presente, y aprovechemos este tiempo para ir descubriendo estas lecciones de vida y de fe que nos hagan crecer en humanidad y profundizar nuestro seguimiento al Señor.

Quiero terminar con las palabras que el Papa Francisco pronunció en su homilía del 16 de marzo: “Que el Señor les ayude a descubrir nuevos modos, nuevas expresiones de amor, de convivencia en esta situación nueva”.

Un abrazo fraterno y nuestra oración,

M. Mª Joaquina Lozano López Superiora General


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