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Caminando hacia el XIII Capítulo General ordinario
 

La Trinidad mirando el mundo

Al comenzar la preparación para el Capítulo, nos proponíamos “mirar la realidad como la mira Dios”, con ojos contemplativos, con corazón misericordioso.

En la contemplación de la Encarnación, S. Ignacio nos presenta a la Sma. Trinidad mirando la tierra, en una historia y realidad a la que nos invita a aproximarnos.

Mundo desordenado y desigual, unos naciendo y otros muriendo, unos ríen, otros lloran, ricos y pobres, dolor, sufrimiento e injusticia, y deciden: “hagamos redención”. La segunda persona de la Trinidad, se hace Voluntariamente Disponible al Padre, El Disponible y Voluntario, en donde se entroncan todos los voluntariados de nuestro tiempo; desciende a la tierra en un proceso Encarnatorio.

Es la salida de Dios de si mismo para hacerse lo totalmente otro, hacia la situación de desvalimiento de la humanidad, de la cual ésta, no podría salir por si misma.

Es un éxodo del amor del “QUE ES”, hacia la indigencia de “lo que no es”.

Dios se hace historia concreta, realidad y cultura en unas condiciones de la humanidad de pobreza y debilidad, saliendo de sí, asume lo ajeno, tomando sobre sí el misterio peculiar de nuestra naturaleza humana, que consiste en “estar-referido a otro”. De este modo, llega a ser plenamente hombre, a la realización plena de la realidad humana, que consiste “llegar a ser, entregándose…”

Con frecuencia el hombre moderno preocupado por el sentido del “descenso de Dios” en la impotencia de la debilidad, opta por otras interpretaciones de cristología, prescindiendo de lo que es imposible, de que la obra de Cristo es la respuesta de amor llevada a cabo por la iniciativa de Dios Trinidad, que un día en el tiempo descendió y bajó hasta el fondo de la realidad humana. Por este motivo, “toda encarnación, es necesariamente, descenso…”

Ignacio nos ofrece la clave para interpretar el sentido interno de la vida del Verbo de Dios, el sentido último de la historia de Salvación. Dios, que ama de tal manera a la Humanidad, que un día en el tiempo, le movió a ser lo que le era ajeno…”

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