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Carta Adviento
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MCI; MSI; FENI; SACNI

Querida familia: Hoy día 8 de diciembre de 2015, fiesta de la Inmaculada Concepción, el Papa ha abierto el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, coincidiendo con el tiempo litúrgico de Adviento.

Si hay un tiempo en el que la misericordia de Dios se hace especialmente presente, además de la Cuaresma, ese es el tiempo de Adviento. Es la misericordia de Dios Padre la que desencadena el Misterio de la Encarnación, es su mirada compasiva sobre la realidad sufriente de su pueblo, la escucha de sus gritos con un corazón misericordioso la que le movió a hacerse uno de nosotros, a manifestar su amor por la humanidad a través de su Hijo.

En la Bula Misericordiae Vultus, con la que el Papa convoca el Jubileo, nos dice: En la “plenitud del tiempo”(Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. […]. Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios. [MV 1]

La lectura de la Bula, a la que os animamos desde esta carta si es que todavía no la habéis leído, puede ayudarnos a reflexionar en profundidad sobre nuestra vida cristiana, para que, como expresa el Papa, este año sea un tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes. [MV 3]

En primer lugar, podemos hacer de este año un tiempo en el que experimentar con mayor intensidad la misericordia que el Señor tiene con cada uno de nosotros. Sentirnos amados por Dios, y amados incondicionalmente, es la vivencia que está en el origen de nuestra fe, de nuestra vida cristiana y de nuestra vocación misionera.

Por otro lado, el Jubileo nos puede ayudar también a “tomarnos el pulso” y ver cómo estamos siendo cauces de esa misericordia que recibimos de Dios y que se ha de hacer vida mediante las obras de misericordia corporales y espirituales [MV 15]. Nazaria Ignacia nos dice: “haceos como el Dios de las personas necesitadas, de las infortunadas, imitando la bondad y la misericordia de Dios, pues el hombre nada tiene tan divino como hacer el bien” (Esbozo de las Primeras Reglas, 230). Seremos así Misericordiosos como el Padre [MV 13] tal y como nos propone el lema de este Jubileo.

Otro aspecto que podemos profundizar en este tiempo es nuestro modo de acercarnos al Sacramento de la Reconciliación. El Papa nos pide que lo pongamos en el centro […] porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia [MV 17] y porque ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón [MV 10].

El Papa manifiesta su intención de enviar los Misioneros de la Misericordia [MV 18]. Sintámonos todos invitados y motivados a ser esos misioneros de la misericordia que lleven a todos los seres humanos el anuncio gozoso del amor de Dios y especialmente a aquellas personas que más lo necesitan, a los pobres y excluidos, a aquellos que se encuentran en las “periferias existenciales”, en palabras del Papa. Y hagámoslo con nuestras palabras y nuestras obras, tal y como Jesús lo hizo, cumpliendo así la misión recibida del Padre.

Que María, Madre de misericordia, nos acompañe particularmente en este Adviento y a lo largo de este año, invoquémosla para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús [MV 24]. Un abrazo fraterno.

Joaquina Lozano López

Vicaria General y responsable de la Obra Total


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