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Cuaresma
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1Re. 19, 8 "Caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al monte de Dios"...


La cuaresma es un tiempo fuerte del Espíritu en nuestra propia profundidad, que nos insiste a subir al monte para mirar mejor el mundo y mirarnos el fondo de nuestra realidad misma. En nuestra vida es un alto, una estación que nos empuja a emprender el camino hacia el desierto interior para encontrarnos con nuestra propia verdad y dejarnos habitar por Dios.

Según la tradición bíblica cristiana, la cuaresma es tiempo de "conversión" y toda conversión se da desde el conocimiento de nuestras propias actitudes cristianas para con el otro, el parámetro siempre es, el amor. En este camino de conversión quien toma las riendas es Dios y cuenta con nuestro consentimiento.

La propuesta de este tiempo de Cuaresma es, la oración, el ayuno y limosna, una mediación privilegiada que ayuda a interiorizar.

Algunos maestro de la oración suelen decir: “dime como es tu oración y te diré como es tu vida” La intimidad, la experiencia en el trato con Dios, en la mayoría de los casos suele tener en nuestra vida una “palabra” que rompe el silencio o cambia la calidad de nuestros días. Esta “palabra”, unas veces dicha y otras veces escuchada en el secreto de nuestra conciencia se va convirtiendo en el punto de partida, que nos envuelve, nos desinstala, nos desconcierta, nos descoloca, nos interroga, que en el mejor de los casos la palpamos con los sentidos internos. Esta experiencia suscita un cambio de sentido, una variación de valores, una fecundidad fuerte del amor, una apertura a los demás.

Este tiempo es también tiempo de ayuno y limosna. El ayuno que le agrada a Dios. “Romper las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar libres a los oprimidos, y romper toda clase de yugo. Compartir tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestir al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano”. Is. 58, 6-9.

Un verdadero ayuno es renunciar a todo aquello que nos impide realizar los sueños de Dios para la humanidad; transformar el ayuno en un gesto de solidaridad no solo temporal sino como compromiso cristiano en lo cotidiano, un compromiso efectivo con los que pasan hambre y ayunan forzosamente; trabajando por la eliminación de toda injusticia en la vida personal y social y por la liberación de toda opresión, explotación y corrupción.

Cuarenta días ayunó Jesús en el desierto aguardando la fortaleza del Espíritu para cumplir su misión. Para todo cristiano es tiempo de reflexión, de renovación, de preparación para celebrar la Pascua.

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Camino hacia la Pascua
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Ayuno en lo cotidiano
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