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"Decir tu nombre María"
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 “Decir tu nombre María”. Nos acerca a María llamándola, Madre, maestra, discípula, creyente, misionera… La fe nos acerca a María bajo diversas expresiones. María, esa mujer humana, la vemos muy cercana a nosotros, quizás porque la vemos tan humana, tan real, tan capaz de mediar o unir la realidad humana con el misterio de Dios, capaz de interrogar ante la incertidumbre. Una mujer capaz de reír y llorar, de celebrar las alegrías de la vida, pero acoger también los golpes que vienen. La vemos como una de los nuestros, y nos sentimos un poco suyos, un poco hijos, un poco necesitados de su protección... Nos gusta acogernos en sus palabras”. "¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo?

Una madre presente en tantos momentos significativos de la vida de Jesús. Desde el momento de la encarnación hasta el momento incomprensible de la cruz. Ahí, la vemos actuar a prueba de fuego como mujer creyente.

La vida de María está marcada por la máxima fidelidad a Dios y a la historia de su pueblo. Vislumbra que Dios interviene por su pueblo a través de ella. Así se entiende su compromiso, su canto por la justicia.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a su pueblo.

De María brota este grito profético ante la injusticia de su tiempo. María es imagen de tantos hombres y mujeres que luchan por lo que creen necesario.

María una mujer audaz, valiente, ante la muerte de su Hijo, comprende y retoma la tarea del Reino de Dios, el proyecto que tanto Jesús había anunciado a la humanidad. Entiende que el Reino de Dios tiene que dar plenitud a los pobres, los marginados. Junto a los amigos de Jesús emprende, anima a continuar con la misión de Jesús. María es la mujer misionera.

 


 Decir tu nombre, María

_ Decir tu nombre, María, es decir que la Pobreza compra los ojos de Dios.

_ Decir tu nombre, María, es decir que la Promesa sabe a leche de mujer.

_ Decir tu nombre, María, es decir que nuestra carne viste el silencio del Verbo.

_ Decir tu nombre, María, es decir que el Reino viene caminando con la Historia.

_ Decir tu nombre, María, es decir junto a la Cruz y en las llamas del Espíritu.

_ Decir tu nombre, María, es decir que todo nombre puede estar lleno de Gracia.

_ Decir tu nombre, María, es decir que toda suerte puede ser también Su Pascua.

_ Decir tu nombre, María, es decirte toda Suya, Causa de Nuestra Alegría

 (Pedro M. Casaldáliga)


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