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Dos miradas que se encuentran
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Ver a otros a través de los ojos de Jesús significa tener una visión de respecto, de acogida, de humanidad hacía las personas que nos rodean. Cuando Jesús miraba a las personas veía sus necesidades y sus problemas. En el texto del evangelio Jesús vio a una persona necesitada, y actuó: le tendió la mano con ternura.

Texto del Evangelio: Mc 10, 46-51

«Jesús salía de la ciudad acompañado de sus discípulos, mucha gente los acompañaba. Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna.

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mi! Muchos le pedían que guardara silencio, pero él gritaba más. Jesús le llamó, Bartimeo tiró a un lado el manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? ¡Recobrar la vista! Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado»

Comentario

Generalmente miramos lo que nos llama la atención y lo que es importante para nosotros. Jesús vino a este mundo a mirar a los que nadie miraba y así mostrar la pasión de Dios por la humanidad. Él vino a salvar al perdido, sanar al enfermo, a dar la vista a los ciegos… Jesús escuchó el grito de Bartimeo, lo miró, le preguntó qué necesitaba y lo ayudó.

Mirar con los ojos de Jesús es estar atentos, escuchar a las personas que piden ayuda y mirarlas con amor y ternura. Le pedimos al Señor Jesús que no seamos sordos ni ciegos ante las necesidades de los demás.

Oración final

Dame, Señor, tu mirada y pueda yo ver desde allí el día que empieza, el sol que calienta y cubre los montes de luz.

Dame, Señor, tu mirada y pueda gozar desde allí que el día declina y anuncia las noches de luna cuando viene abril.

Dame, Señor tu mirada, grábala en mi corazón, donde tu amor es amante y tu paso constante, tu gesto creador.

Dame, Señor, tu mirada y entrañas de compasión; dale firmeza a mis pasos, habita mi espacio y sé mi canción.

Dame, Señor, tu mirada y entrañas de compasión, haz de mis manos ternura y mi vientre madura, ¡Aquí estoy, Señor!

Ponme, Señor la mirada junto al otro corazón de manos atadas, de oculta mirada, que guarda y calla el dolor.

Siembra, Señor tu mirada y brote una nueva canción de manos abiertas, de voz descubierta sin límite en nuestro interior.


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