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El secreto del amor es: "Gastar la vida" por los demás. Aida Salek
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La oración “gastar la vida”, (de Luis Espinal sj. martir en Bolivia) refleja de alguna manera la vida de nuestra querida hermana Aida Salek. Una Misionera Cruzada de la Iglesia, que pasó por la vida haciendo el bien.

En la sociedad, en la Iglesia ejerció varios servicios, sus últimos años de vida la entregó como Superiora General de la Congregación.  

Al cumplirse casi el mes de su muerte, publicamos los testimonios que nos han llegado de amigos, familiares, instituciones y de sus hermanas de Congregación. La destacan como una mujer apasionada por la vida, que miraba los acontecimientos desde la perspectiva de la fe y bajo la lupa del Evangelio. Se caracterizó por su amor a la Iglesia, e hizo que todo cristiano sienta a la Iglesia desde dentro, desde el corazón. Una Misioneras que amó, vivió el carisma y el espíritu de Nazaria Ignacia. Una misionera que estaba en la calle, y sentía el palpitar de la gente y se hacía eco de las necesidades de los más pobres y sencillos.

 Ajuntamos los testimonios en PDF

 GASTAR LA VIDA

Jesucristo ha dicho:

“Quien quiera economizar su vida, la perderá; y quien la gaste por Mi, la recobrará en la vida eterna”. Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.

Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo, y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.

Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.Y sobre todo está la cobardía...

Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida. Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla; no se la puede economizar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen; hacer un favor al que no va a devolver; gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.

Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos luz.

Líbranos de la prudencia cobarde, la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.

Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño, como el sudor humilde del sembrador.

Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible, porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia; no podemos caer en el vacío.

El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla; pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche, con mil ojos llenos de lágrimas.

Documentos adjuntos

  • TESTIMONIO SOBRE AIDA
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