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El viaje del Papa visto desde África
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El Papa Benedicto XVI va a realizar su primer viaje al continente africano. Lo hace del 17 al 23 de marzo, y visita concretamente Camerún y Angola. ¿Qué va a encontrar el Papa, qué va a aportar a esos pueblos y sus respectivas Iglesias, que puede ofrecer a este continente que sigue su duro y difícil camino por la vida?

Lo primero que hay que decir es que la intención de este viaje quedó explicada cuando el mismo Benedicto XVI declaró el 7 de enero en su discurso anual ante el Cuerpo Diplomático: «Tendré la alegría de encontrar muchos hermanos y hermanas en la fe y en humanidad que viven en África».

Hermanos y hermanas en la fe los va a encontrar en ambos países. El número de católicos africanos au¬menta cada año del orden de los tres millones, lo que hace que el continen¬te cuente con cerca de 150 millones de fieles. Tanto en Angola como en Camerún se encuentra buen número de personas que viven de la experiencia de Jesucristo Resucitado. Si bien la historia evangelizadora es muy diferente de uno a otro país, Camerún y Angola tienen una de las más importantes comunidades católicas del continente africano. La Iglesia angoleña cuenta con nueve millones de católicos, el 56% de sus habitantes. Camerún, con cinco millones, el 30% de los cameruneses. Fruto del trabajo de los misioneros y misioneras de los siglos XV al XIX ambas Iglesias se enfrentan en la actualidad a parecidos desafíos. Uno de los más urgentes, según las respectivas Conferencias Episcopales, es la formación de los fieles y de sus sacerdotes y seminaristas. Una formación que ofrezca pistas para responder al gran reto de la mi¬seria y la pobreza de millones de africanos, es decir, una formación que permita canalizar el futuro de estos pueblos por caminos de bienestar y de dignidad de las personas, lo que significa asentar y practicar una concepción del poder y del tener basadas en la justicia y la paz, algo que a menudo está muy lejos de los valores tradicionales porque pasa necesariamente por el ejercicio continuo del servicio y la disponibilidad a todos.

Aquí se debe insertar el crucial problema de la autofinanciación de las Iglesias locales. Hoy por hoy, una gran parte de la financiación de las Iglesias africanas depende del exterior. La archidiócesis de Yaundé (Camerún) se enfrenta al terrible problema de una deuda de diez millones de euros. Y no es un caso aislado.

Otro desafío que tiene cierta rela¬ción con el anterior, es el de la incul¬turación del Evangelio. Existe en estas Iglesias mucho material traducido ya en lenguas locales y expresado en bellas y participativas liturgias inculturadas, en especial en Camerún, pero queda siempre la vida diaria de los cristianos que siguen estando muy marcados por su cultura tradicional y que difícilmente encuentran el camino que va de la tradición familiar al Jesús del Evangelio.

Hermanos y hermanas en humani¬dad los va a encontrar Benedicto XVI en todo momento y situación que experimente, sea en Camerún o en Angola. Es verdad que ninguno de los os países pertenece al grupo de los más grandes o de los más poblados del continente, pero en ambos los problemas giran en torno a una idéntica realidad: la vida y el desarrollo de sus pueblos y ciudades. El Papa y su séquito podrán contemplar fácilmente el rostro de la pobreza y la miseria, producidos por la injusticia y la ausencia de paz. Angola ha sufrido una de las guerras civiles más largas y sangrientas de África, hasta el punto de que aún se pueden ver las marcas y heridas en las personas y las infraestructuras del país. Sin embargo, Angola es, desde hace una década, la campeona del crecimiento económico africano con una progresión de 17,6% en 2006 y de 31,4% en 2007. Camerún, por el contrario, no muestra heridas exteriores de una guerra civil, pero sufre otra quizás mas grave, la de ser uno de los países del mundo con mayor índice de corrupción. Para ambos pueblos, como para muchos otros del continente, las consecuencias de sus respectivas historias son las mismas, la gente de sus pueblos y ciudades sufre desde hace mucho tiempo una dura crisis, una crisis más grave que la actual crisis económica, una crisis ética que se concreta en la dificultad que tienen sus dirigentes de poner en práctica un desarrollo equili¬brado y justo que tenga en cuenta el bien común. Ambos episcopados, así como los de otras Iglesias africanas, insisten a tiempo y contratiempo, sobre la necesidad de que la mayor o menor riqueza de sus tierras pueda beneficiar al mayor número de sus ciudadanos, y en especial, a los más pobres e indigentes.

En este viaje, el Papa va a entregar a los representantes de las Iglesias africanas el Documento de Trabajo del II Sínodo para África, cuyo tema será: «La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz». Que esta visita papal sea, como el mismo Papa lo ha deseado, «una ocasión para acoger el Evangelio y vivirlo con coherencia, construyendo la paz por la lucha contra la pobreza moral y material».

Desde mi larga experiencia en este continente, tengo que confesar que he encontrado y compartido mi vida con muchas luchadoras por la paz, la libertad y la justicia. Los responsables de la Iglesia africana son conscientes de que hay que aumentar mucho el número de los luchadores, de manera que entre todos podamos lograr vencer no sólo las tentaciones contra el tener, el poder y el dominar, sino sobre todo contra las mentalidades que olvidan que mi hermano o hermana no es sólo alguien de mi familia, raza o etnia, sino todo aquel que necesita el pan, el cobijo y la paz necesarias para vivir con dignidad entre el resto de sus convecinos.

Juan Manuel Pérez Charlín. Uagadugú (Burkina Faso) Revista Ecclesia. Nº 3458. Marzo 2009

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