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La Mujer y el compromiso social desde la fe
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 Al tomar el papel y lápiz, pienso y me pregunto ¿qué podría decir sobre el año de la fe y sobre el día internacional de la mujer que cada 8 de marzo, año tras año, vamos celebrando?. ¿Cómo conjugar los dos temas a la vez? Me viene a la cabeza la experiencia de fe en Nazaria Ignacia, una mujer que vivió entre los pobres y trabajó por la causa de ellos, por la dignidad de la mujer. En los años 1925, en Oruro – Bolivia, en aquel país como en otros, los derechos de la mujer no eran reconocidos y hoy aunque se hayan dado algunos pasos, las cosas siguen clamando justicia tanto en la sociedad boliviana como en otros países.

 Nazaria Ignacia con mayor preferencia trabajó por la formación integral de la mujer y una de sus preocupaciones fue que la mujer se integrara al mundo laboral. En el contacto con ellas empieza constatando toda la potencialidad de la mujer. 

Por la la importancia que supone el día de la mujer tocaré sólo una de las dimensiones, la dimensión de la fe con implicación social. En sus palabras:

"La fe es un tesoro que el corazón femenino sabe comprender mejor y guardar con más fidelidad".

Comprende que en la interioridad de toda mujer habita el don de la fe, la vida misma está llena de testimonios de fe, experimenta la fe como singo de amor, signo de compromiso. Intuye como un tesoro que nace desde dentro, desde ese mirar a Dios cara a cara. Vislumbra que la fe sentida, no es para quedarse quieta ni es para callar, al contrario, es para transmitirla como experiencia viva y levantar la voz en la calle, quizás hoy nos recuerde que la fe es algo tan íntimo a nosotros mismos y una práctica de amor en la familia, una práctica de justicia en la sociedad.

 La fe guardada con lealtad tiene en Nazaria una fuerza movilizadora en la historia de aquello años, donde la mujer no tenía ni siquiera el derecho al voto. Nazaria en la práctica fue profundamente mujer, confió plenamente en la capacidad de la mujer, creyó que la mujer por derecho tiene un sitio en la sociedad, en el mundo y por supuesto en la Iglesia.

 Organizó a la mujer, fundando en Bolivia las primeras escuelas profesionales, con el nombre de «Escuelas Prácticas para Obreras», talleres nocturnos para las jóvenes trabajadoras, dando oportunidad de superación a las clases populares. En 1932 fundó el primer Sindicato de Obreras Católicas. Y en el campo de la comunicación abre espacios de formación con su revista católica «El Adalid de Cristo Rey», editada desde una pequeña imprenta propia y a través de este medio difunde una formación social, integral y catequética. En todas sus acciones hizo visible al Dios que ama la humanidad.

 El sueño de Nazaria, es que la mujer tenga dignidad, sea sujeto en la historia. En su trato con la mujer les decía:

  “Ya es hora de despertar para el bien, de dejar esa vida fría, sin emociones, sin ideales, sin entusiasmos. ¡Venid mujeres de ideales, que no estáis contentas de aparecer sólo bellos maniquíes de moda, sino que aspiráis a ser nuevas heroínas de la Iglesia y la sociedad. Las mujeres, agrupémonos a defender la fe y la independencia de nuestro suelo, fomentando el respeto al poder, formando la conciencia de estos niños que mañana serán los mandatarios de nuestra nación, los que llevarán el buen cumplimiento de sus leyes, enseñando al pueblo el trabajo, lo degradante del vicio, lo hermoso de la virtud”.

Nazaria como testigo de la fe, vivió a fondo y con autenticidad, para ella “guardar la fe en el corazón femenino”, fue una responsabilidad y un compromiso de honradez con la realidad injusta. La práctica de su fe tuvo una incidencia social, la de trabajar por la vida, por los derechos de la mujer. 

 

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Derechos conquistado por las mujeres

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