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FRATERNIDAD HUMANA.

Rocío Belén Pedroso MCI.

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Es en la experiencia donde muchas veces se encuentra respuestas a nuestras búsquedas. Y así fue. Ensanchar el corazón y dar cariño al migrante fueron parte de esas respuestas, las cuales fueron haciéndose vida allí en Tetuán (Marruecos) junto a ellos. Muchos rostros y nombres concretos, migrantes (subsaharianos) y no migrantes. Dios sin duda allí me llevó, a una nueva experiencia de misión, donde el dar y el recibir, caminan de la mano, haciendo así posible una fraternidad humana. Vivir esos días en y desde esa fraternidad fue lo que en todo momento me dio esperanza y grandes alegrías. Por momentos no fue fácil palpar nuevamente tan de cerca la injusticia y sentirme impotente ante esta realidad migrante. Pero también es cierto que una sonrisa, un abrazo, una palabra de aliento, pueden ser, y de hecho lo son, esos motores que te ayudan a continuar buscando siempre elevar su dignidad. Tanto las clases de español, como los talleres de manualidades, los juegos o el hecho de estar y compartir, allí en el centro de acogida para migrantes, que tienen los Hermanos Franciscanos y que lo llevan adelante una Comunidad Intercongregacional de tres hermanas, fue un gran regalo: compartir sus alegrías y tristezas, percibir la incertidumbre, algunos de sus miedos, como también su valentía y perseverancia, escucharlos, conocer sus historias, dar y recibir cariño, ver su interés y esfuerzo por aprender y salir adelante… Dios allí estaba, en cada uno de sus rostros. La experiencia de Tetuán además de seguir acercándome a la realidad migrante, me ha ayudado a seguir descubriendo esa riqueza que tiene la unidad en la diversidad, y ello gracias al poder estar en un país de religión musulmana, compartiendo y conociendo no solo dicha religión sino personas que me han hecho comprender y sentir que Dios siempre se hace presente y que su amor no tiene límites ni fronteras. Siento que es precisamente este amor el que nos invita a entregarnos, a darnos por y para los demás, desde lo pequeño y sencillo. Por ello, conocer también la acción de la Iglesia allí en Marruecos, pero especialmente conocer a personas que desde ese amor se entregan y comprometen en esa realidad concreta, me lleva a agradecer por tantas y tantas personas que son creadoras de puentes y buscan un mundo más justo y más humano. Agradezco a Dios por llenar mi vida de experiencias y aventuras que me llevan a seguir descubriendo su cercanía, ternura y amor; le agradezco también por las personas que siguen haciendo esto posible, los Misioneros Javerianos y las Franciscanas Misioneras de María; y finalmente quiero agradecer a Dios por haber compartido esta experiencia de misión con ellos: Rolando, Fernando, Ivanildo, Manoli, Marta, Diego, Teresa, Javi y Jorge. Mil gracias por haber hecho de esta experiencia una verdadera fraternidad humana.


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