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A la espera de una fumata blanca y cambio en la Iglesia
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Desde la renuncia del Papa Benedicto XVI los medios de comunicación social nos ponen entre preguntas y respuestas sobre los acontecimientos en la Iglesia: aparece en los medios la valentía del Papa para dar paso a otros, la despedida emocionante, luego aparece los posible Cardenales Papables, otros medios más críticos realizan encuestas y en todo ello hablan de los profundo problemas de la Iglesia, sobre el perfil del nuevo papa para un mundo en cambio. Unos dicen: la Iglesia de hoy necesita un Papa abierto a la modernidad, un Papa misionero y joven, un Papa que defienda la libertad de la Iglesia y los derechos humanos dentro de la Iglesia, por los teólogos, por las mujeres, por todos los católicos que desean decir la verdad abiertamente. Un papa que escuche los problemas actuales de la humanidad. Un Papa que ponga en práctica el modelo del cristianismo primitivo.

En fin, cada ciudadano tiene el propio perfil que sueña para una sociedad plural que avanza. 

Hoy los católicos del mundo estamos a la espera de un nuevo Papa, creo que no sólo se trata de una espera de la fumata blanca sino algo más profundo, cambios en una sociedad que cada vez nos interroga a la Iglesia.

Desde nuestra fe y espíritu evangélico digamos al Espíritu de Dios:

Ven, Espíritu Santo,
y envía tu luz.
Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu fuerza.
Tu bondad
es fuente de consuelo
tu presencia
impulso en el alma,
tú nos alivias
en las horas sombrías
Tú eres el descanso
en el trabajo,
serenidad
de nuestra locura,
alegría en nuestro llanto,
sosiego en la lucha.
Penetra con tu
santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
Limpia nuestro mal,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza,
elimina con tu calor
nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles,
que confiamos en ti,
tus dones en nuestra vida.
Premia nuestro esfuerzo,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría.

Amén.

 


 


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