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Misioneros: “Mujeres y Hombres descalzos por el mundo”
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Por la fe, Abraham, llamado por Dios, obedeció; por la fe, salió para otro país; por la fe, partió sin conocer; por la fe, vivió en tierra desconocida. Hb. 11,8

Mujeres y hombres descalzos;

Hablen contra la opresión inconsciente,
hablen contra la tiranía de los ricos,
hablen contra las ataduras.

Mujeres y hombres descalzos;
Será la muerte, sí, pero no importa.
¡Morir hasta que el mundo resucite!
Morir hasta que sean en el mundo:
¡la humanidad por fin enriquecida!.

Mujeres y hombres descalzos;
por su planta desnuda, justos, buenos.
Hombres que al ir andando en carne viva.
Palparan el dolor de cada hombre;
sinten latir a cada sed, a cada lágrima,
morir a cada muerte, de los sencillos…

 

La vida misionera es partir, salir a tierras desconocidas, vivir y compartir una cultura diferente; comprender y acercarse a idiomas y expresiones; escuchar y acoger al otro con el corazón. Menuda tarea y nada fácil. Eso sí merece la pena, encontrarse con realidades existenciales…

Señala el Papa, “la fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunidad, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida”.

La vida misionera no es sólo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas y realidades humanas, precisamente porque los “límites” de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre, cada mujer y cada niño”.

 
 
“Anunciar y ser testigo del Evangelio encuentra obstáculos. A veces el fervor, la alegría, el coraje, la esperanza en anunciar a todos el mensaje de Cristo y ayudar a la gente de nuestro tiempo a encontrarlo son débiles; en ocasiones todavía se piensa que llevar la verdad del Evangelio es violentar la libertad”. Por el contrario, “siempre debemos tener el valor y la alegría de proponer, con respeto, el encuentro con Cristo, de hacernos mensajeros de su Evangelio”.

La situación actual es compleja para evangelizar. Pero en esta situación, “donde el horizonte del presente y del futuro parece estar cubierto de obstáculos, se hace aún más urgente el llevar con valentía a todas las realidades, el Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza, reconciliación, comunión, anuncio de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación, anuncio de que el poder del amor de Dios es capaz de transformar la vida.

 


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