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SANTA NAZARIA - CARTA M. GENERAL

A todas y todos los que integramos la Obra Total MCI, MSI, FENI, SACNI

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Querida familia:

Un año más estamos convocados a celebrar la gran fiesta de Santa Nazaria Ignacia en la que nos reconocemos y nos unimos como familia en el Carisma. Sin embargo, día a día estamos constatando que este no es un año más… Nos encontramos en un momento histórico que, muchos dicen, marcará un antes y un después en nuestras vidas. Son bastantes las voces que nos hablan, y en algunos momentos casi nos gritan, que algo tiene que cambiar, que ya no podremos seguir viviendo como antes, que es mucho lo que tenemos que aprender de esta situación…

Hoy especialmente y desde todos los ámbitos se nos hacen insistentes llamadas a la unidad para poder superar la crisis sanitaria, social y económica que estamos viviendo. Esta llamada a la unidad seguro que habrá resonado y sigue resonando de una forma particular y profunda en todos los que como Obra Total compartimos el mismo Carisma de M. Nazaria. En una carta con fecha 1 de marzo de 1936 dirigida a sus hijas, reflexionando sobre “El cuerpo místico de Cristo”, ella nos dice: …es preciso unificarnos, hijas amadísimas, con Cristo, la Cabeza y después con todos los miembros; en esa unidad viviente, cada miembro tiene su función, todos dependen de cada uno y cada uno de todos. Pareciera que estas últimas palabras están especialmente pensadas para el tiempo que vivimos. No damos cuenta, tal vez hoy como nunca antes, que realmente “todos dependemos de todos”, que la única forma de salir de la situación en la que estamos es que cada persona “cumpla su función”, que es imprescindible la responsabilidad personal y que se priorice el bien común por encima del bien individual, de los propios intereses y necesidades. Y en esa misma carta, Madre Nazaria continúa diciendo: Para esto es preciso no vivir para sí, sino para Dios: ser todos uno. Unidad en un mismo principio interior, unidad en la misma fe, unidad en nuestra conducta, en nuestro lenguaje, que no haya sino un mismo espíritu y un mismo sentir, como dijera San Pablo. Todos en una unidad única y sólida, con un mismo impulso y un mismo corazón por el mismo Evangelio. 

 

Una llamada a la unidad, que es mucho más que estar juntos, que va más allá de la cercanía física en una realidad en la que se nos impone la “distancia social”. Una unidad en el pensar, en el sentir y en el obrar que nos hace caminar juntos, encontrarnos como seres humanos, todos frágiles, todos vulnerables, todos necesitados de todos. Una unidad que toca nuestra propia identidad como personas, que nos hace preguntarnos sobre nuestra pertenencia a la misma humanidad y nuestra implicación en la gran familia humana y con nuestra casa común.

El Papa Francisco, en su homilía de la fiesta de San Pedro y San Pablo de este año, hablaba de estos dos santos y expresaba: “Eran personas muy diferentes entre sí, pero se sentían hermanos...” y añadía que lo que los unía “no provenía de inclinaciones naturales, sino del Señor”. Él es la verdadera fuente de unidad, su principio y fin, creemos en un Dios que es familia, que es comunidad y nos reconocemos hijos e hijas de un mismo Padre, somos hermanos en el Señor, por encima de las diferencias, y caminamos hacia la plena comunión “al final de los tiempos”. Sigue diciendo el Papa que “la unidad es un principio que se activa con la oración, porque la oración permite que el Espíritu Santo intervenga, que abra a la esperanza, que acorte distancias y nos mantenga unidos en las dificultades”.

Sintámonos hoy especialmente unidos en la oración en el Espíritu de Jesucristo, en su mismo Espíritu, que nos capacita para acogerlo en nuestro interior, que nos hermana, para desde Él, salir, bajar a la calle. Hoy también son urgentes acciones solidarias para responder a las necesidades de los más pobres para los que, como siempre, las consecuencias de esta pandemia se unen a las ya difíciles condiciones de vida, o más bien de supervivencia, en la que se encuentran.

Hoy, asimismo, la caridad puede tener otros nombres. El amor se hace protección y respeto para cuidarnos mutuamente y para cuidar particularmente a los más vulnerables; se hace creatividad para buscar cómo seguir encontrándonos, aún por medio de pantallas, cómo transmitir cercanía respetando la distancia, cómo llegar y ayudar a quién lo necesita. Y para ello los gestos personales son, sin duda, inestimables. Cáritas en su lema de este año nos recordaba que cada gesto cuenta. Cada gesto solidario, sencillo, cotidiano, gratuito… es imprescindible, pero sin duda estos gestos pueden ser mucho más eficaces y testimoniales cuando somos capaces de realizarlos como cuerpo, como comunidad, como Iglesia. Pidamos a María, Madre nuestra, que nos acerque cada vez más a su Hijo y que viviendo para Él podamos llegar a “ser todos uno”.

Fraternalmente.

Mª Joaquina Lozano López Superiora General


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