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Una relación misericordiosa con la tierra
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La mirada creyente a la creación: envuelta y entrelazada por el amor

La creación es manifestación del amor y la ternura de Dios, nos recuerda el Papa. Para la fe cristiana, la creación es, en primer lugar un don, un regalo brotado del amor y la libertad de Dios, que ha querido compartir su sobreabundancia de vida. Ella es, en sí misma, una expresión de su misericordia.“Decir creación es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto de amor de Dios… La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal” (LS 76). “Cada criatura tiene una función y ninguna es superflua. Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios (LS 84).

Francisco, además, nos invita a descubrir que las criaturas son también objeto del amor maternal-paternal de Dios y que cada una, por pequeña que sea, es amada por sí misma(LS 96). “Cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño” (LS 77).

El proyecto de Dios nos entrelaza con toda la comunidad de la vida. Hemos de reconocernos como parte de esa red interdependiente que constituyen todas las criaturas: “Todo está relacionado y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra” (LS 92).La interdependencia de las criaturas es querida por Dios… ninguna criatura se basta a sí misma, no existen sino en dependencia unas de otras, para complementarse y servirse mutuamente (86).

Una relación misericordiosa con la Tierra: contemplación, cuidado, responsabilidad, defensa de la justicia

De este modo de contemplar la creación, brota un modo de relacionarnos con ella que el Papa Francisco va desgranando en distintos lugares de la encíclica.

• una relación contemplativa, celebrativa y gozosa con la naturaleza. Al descubrirla como un don y como un misterio, la respuesta es el asombro, el agradecimiento y la alabanza (Laudato si´, Alabado seas…). Francisco nos invita a recuperar “la capacidad de admiración que lleva a la profundidad de la vida”, a “vivir todo con serena atención, contemplando en todo al Creador, cuya presencia no debe ser fabricada sino descubierta, desvelada (LS 225).

• La conciencia de nuestra interconexión con todas las criaturas, de nuestro origen común, nuestra pertenencia mutua y nuestro futuro compartido, nos mueve a considerar, como Francisco de Asís, a todas las criaturas como hermanas: es necesario volver a “hablar el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo” (LS 11).

• Experimentar la naturaleza como un don y un misterio, nos lleva también a una actitud de profunda humildad, puesto que no somos sus dueños. Ella nos precede, nos ha dado a luz y permite nuestra vida. “La desaparición de la humildad, en un ser humano desaforadamente entusiasmado con la posibilidad de dominarlo todo sin límite alguno, sólo puede terminar dañando a la sociedad y al ambiente” (LS 224).

• El reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, moviliza a “un cuidado generoso y lleno de ternura”, provoca actitudes de gratitud y gratuidad que se expresa en gestos de generosa renuncia, aunque nadie los vea o los reconozca (220). La fe cristiana considera el valor peculiar del ser humano en la creación (LS 90), pero esta afirmación nunca implica superioridad


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